28/09/2010

28/09/2010

Para variar un poco esta mañana, me han vuelto a despertar. Mis compañeras de habitación iban a correr. Al final una no ha podido levantarse, después de todo el jaleo y se ha quedado a dormir, ella que puede porque yo ya no he podido.

Parece que cada día mejoro un poco más del estómago, aunque no como mucho. Como “chica de uso público” voy de aquí para allá haciendo lo que me mandan, un poco de todo pero es bueno sentirse útil. También he seguido preparando las medicaciones para los post-operatorios, creo que voy a empezar a tener pesadillas con las pastillas. Creo que voy a convertirme en la pastillera oficial.

He estado ayudando a Alfonso, el otorrino, con las curas de un paciente operado. Alfonso es el que me pide ayuda más técnica, menos mental. Me encanta no ser chica de los recados siempre. Mientras estábamos con las curas, hemos empezado a oír unos gritos y golpes. Una pareja se estaba peleando, el marido ha arañado a la mujer y esta lo ha empujado. El hombre ha caído al suelo y la mujer le ha dado un puñetazo. Han conseguido separarlos, han metido a la mujer a la consulta y el hombre se ha quedado en la sala de espera. Pero el hombre no se ha tranquilizado, ha intentado abrir varias veces la puerta y cuando la hemos cerrado con llave la ha golpeado tan fuerte que parecía que la iba a echar abajo, así que hemos tenido que cerrar la puerta de la sala y estar un rato encerrados.

Lo que más me ha impresionado hoy ha sido una mujer que ha venido a la consulta. Parecía que tenía anemia así que la hemos tenido esperando hasta que han podido venir del quirófano para ver la hemoglobina. También le hemos tenido que poner una medicación vía intravenosa y después de más de 2 horas le hemos dado la medicación que tenía que seguir tomándose y le hemos dicho que venga la semana que viene para controlar la anemia. Antes de irse nos ha dicho con la cara llena de esperanza: “sois un regalo de dios”, es increíble lo mucho que se puede ayudar con muy poco. La cara de agradecimiento de esa señora lo decía todo y no creo que seamos un regalo de Dios pero intentaremos ayudar todo lo que podamos.

La tarde ha sido más bien tranquila, y cuando se ha acabado la consulta, he seguido con mis pastillas. Además como controlo todas las pastillas, cuando alguien pide alguna siempre llevo encima. Me siento como el camello oficial.

Con respecto al equipo de cirugía, van aumentando el ritmo de trabajo. Hay una gran cantidad de trabajo, empiezan a las 8 de la mañana y con suerte acaban a las 10 de la noche.

Como en todos los grupos grandes de trabajo surgen algunos roces, pero la capacidad de tolerar éstos es muy grande, cosa que admiro del grupo. Esto se nota sobre todos por la noche, durante la cena y en las salidas por la selva que se hacen después. Aunque me gustaría en estas salidas disfrutar más de la naturaleza. Aun así esta noche estaba tan clara que se veía la Vía Láctea, ojalá pudiera pasear sola por los alrededores, pero mañana a las 06.00 de la mañana nos tocan diana para ir al pueblo, Bengbis y ver el mercado antes de empezar a trabajar.

Será un día duro, así que hasta mañana.



Comentarios