25/09/2010

25/09/2010

Hoy día 25, nos hemos levantado a las 7 de la mañana para desayunar a las 7 y media y a las 08.00 salir. 2 horas después, estamos todavía esperando para salir. Parece que tenemos que comprar un frigo y después cargarlo, ¿mejor no preguntar a qué hora saldremos?

Mientras esperábamos se ha acercado un hombre pidiéndonos dinero y unas zapatillas. Tiene un aspecto extraño. Parece enfermo, se mueve de manera extraña y parece que le cuesta procesar la información. El hombre empieza a ponerse pesado y no nos deja tranquilos. Al final deciden darle una botella de agua, y en eso que coge todo el paquete de 6 que tenemos. Se forma un pequeño lío y viene un guardia de seguridad. Todo el mundo nos mira y se ríe, tengo la sensación de que somos el circo del pueblo. El chico sigue por los alrededores, grita, tira las chanclas que lleva puestas, y sigue formando escándalo hasta que llega un policía. Ahora sí sale corriendo. Su cara refleja miedo.

Parece que todo se ha calmado un poco. Seguimos esperando el frigo, en las escaleras. El cuadro de desesperación aumenta, cuando vuelve a aparecer el chico, aunque esta vez algo más calmado. Se dirige a Tortosa que es el único que le hace algo de caso. También se dirige a un vendedor ambulante que pasa e intenta echarlo. Ya cansados del espectáculo y la espera, volvemos al hotel, parece que la espera va para largo. Son las once y media, por fin ha llegado el frigo y podemos salir de Yaoundé.

Cogemos la autopista, una carretera de dos carriles, 1 para cada sentido, por en medio de la selva. De vez en cuando aparecen controles de policía. En el primero que aparece nos paran. Nos aconsejan que estemos callados y no sonriamos. El policía entra y nos pregunta algo. Nadie lo entiende y seguimos callados. En ese momento creo que el policía piensa que le estamos tomando el pelo. Al final alguien pregunta: “¿passport?”. El policía asiente y 24 voces a coro canturrean un “aaaaahhh”. Parece que la situación empieza a fluir. Tras la entrega de los pasaportes e incluso con algunos pedidos dos veces ya que la foto no se parecía mucho a la persona, nos dejan marchar. Su compañero se despide de nosotros riéndose y diciendo adiós con la mano, por lo que algunos hacen lo mismo. Pero no sienta muy bien a los más antiguos que dicen que es mejor no hacer nada que se pueda mal interpretar. Lo más interesante de los controles y los peajes es la cantidad de gente que hay vendiendo cosas, sobre todo niños. Venden cacahuetes, gusanos fritos, semillas comestibles, palmito, igual que aquí se venden castañas o palomitas en los puestos callejeros.

El paisaje es espectacular. El cielo está gris con algunas nubes que parecen de algodón y algunos claros azules. Inmediatamente al lado de la carretera se ven zonas de cultivo familiares, cada casa tiene su parcela de cultivo, donde ahora mismo se ven principalmente plataneras. Justo detrás de las casas empieza la selva, árboles enormes que intentan adaptarse al hombre, el cual les ha arrebatado su nicho y a base de machetazos impide que lo vuelvan a ocupar. ¡Que disparate!

El viaje se va a hacer muy largo. Somos 24 personas hacinadas en un autobús, con todas las maletas encima, a los lados y una gallina, viva, bajo los asientos. Tras 1 hora y pico de viaje todavía nos quedan unas 5 horas, y empiezo a no sentir las piernas. La parada para comer se hace antes de entrar en la pista, porque una vez que entremos mejor no parar por si llueve. Tras la comida nos ponemos en marcha, y a 500 metros de la pista forestal nos paran. El conductor no tiene carnet ni papeles. No podemos bajarnos del coche y no hay ni un poco de sombra. El calor dentro del autobús es agobiante. Estamos una media hora parados porque el conductor se pone gallito con los guardas y estos dicen que no le dejan coger el coche. Nos dicen que nos bajemos del coche y vayamos andando (como tengamos que ir a pie nos da algo, además no podemos dejar el material). Finalmente parece que la situación se soluciona tras un par de idas y venidas, aunque no sabemos cómo. Las especulaciones sobre cómo se ha solucionado no se hacen esperar, menos mal que hay buen sentido del humor.

La entrada en la pista forestal es espectacular. Ahora sí que podemos decir que estamos adentrándonos en la selva. De vez en cuando aparecen unos puentes de madera tan pequeños y desgastados que el autobús tiene que aminorar la marcha, porque en cualquier momento se rompen. Es increíble a la velocidad que va el autobús por la pista forestal, va más rápido que cuando iba por carretera. La velocidad es tal que tenemos que esquivar las ramas de los árboles que entran por las ventanas dando latigazos, y cuando pasamos por un charco el agua entra por las ventanas también.

A la llegada a la misión, nos han repartido las habitaciones y nos hemos puesto a arreglarlas. ¡Madre mía! Lo que nos hemos tirado limpiando paredes, somieres, colchones, poniendo mosquiteras. Parece como si las hubieran saqueado. En mi habitación la hemos liado un par de veces…hemos echado el insecticida antes de terminar de limpiar y casi nos asfixiamos, y además hemos tirado el cubo de la fregona, así que se ha encharcado el suelo entero.

La recepción ha sido buena. La cena ha sido abundante y hemos cenado sólo nosotros. Creo que la convivencia va a ser buena.

Comentarios